AÑO JUBILAR EUCARÍSTICO

I. Objetivo General

Agradecer a nuestro Padre Dios 500 años del don de la Eucaristía en la Iglesia que peregrina en Tlaxcala, bajo la mirada misericordiosa de María, madre eucarística, a fin de impulsar, como discípulos misioneros de Jesús, nuestra identidad evangelizadora y eucarística que animen la vida pastoral y la proyección social.

Lema
“Hagan esto en memoria mía
Lc 22, 19

Jesús con sus palabras “Hagan esto en memoria mía” (Lc 22,19) “hasta que yo vuelva” (1Cor 11,23-26), manda a sus discípulos y consecuentemente a la Iglesia a realizar el memorial de su Cuerpo entregado y de su sangre derramada para la vida y salvación del mundo; con este gesto introdujo su Pascua en el espacio y en el tiempo, más allá de las contingencias históricas. Esta víctima y ofrenda sacrificial, se convierten en un acontecimiento que acompaña la vida del nuevo pueblo de Dios en su camino hasta el final de los tiempos.
De este modo, cuando la comunidad cristiana celebra la Eucaristía no hace sino prolongar la obra redentora de Cristo –toma el pan, da gracias y lo parte; toma el vino, da gracias y lo distribuye) por medio de aquel mismo rito pascual que tuvo lugar en la última Cena, y que Cristo mandó repetir en su memorial (Lc 22,19). 
En este Año Jubilar Eucarístico nos invita el Señor acercarnos a las dos mesas, a la mesa de la Palabra y a la mesa de la Eucaristía. Alimentada espiritualmente en esta doble mesa, la Iglesia progresa  en su conocimiento gracias a la primera, y en su santificación gracias a la otra. En efecto, en la Palabra de Dios se proclama la alianza divina, mientras que en la eucaristía se renueva la misma alianza nueva y eterna. La celebración de la misa, en la cual se escucha la palabra y se ofrece y recibe la eucaristía, constituye un solo acto de culto, en la cual se ofrece a Dios el sacrificio de alabanza y se confiere al hombre la plenitud de la redención.

Íntima relación de la palabra de Dios con el misterio eucarístico

La Palabra de Dios y el misterio eucarístico han sido honrados por la Iglesia con una misma veneración, aunque con diferente culto. La Iglesia siempre quiso y determinó que así fuera, porque, impulsada por el ejemplo de su Fundador, nunca ha dejado de celebrar el misterio pascual de Cristo, reuniéndose para proclamar “todos los pasajes de la Escritura que se refieren a él” (Lc 24, 27) y realizando la obra de la salvación por medio del memorial del Señor y de los sacramentos.
En efecto, “la predicación de la Palabra se requiere para el ministerio mismo de los sacramentos, puesto que son sacramentos de la fe, la cual nace de la palabra y de ella se alimenta”. Espiritualmente alimentada en estas dos mesas, la Iglesia, en una, se instruye más, y en la otra, se santifica más plenamente; pues en la palabra de Dios se anuncia la alianza divina, y en la eucaristía se renueva esa misma alianza nueva y eterna. En una, la historia de la salvación se recuerda con palabras; en la otra, la misma historia se expresa por medio de los signos sacramentales de la liturgia.
Por tanto, conviene recordar siempre que la Palabra Divina que lee y anuncia la Iglesia en la liturgia conduce, como a su propio fin, al sacrificio de la alianza y al banquete de la gracia, es decir, a la eucaristía. Así pues, la celebración de la misa, en la que se escucha la palabra y se ofrece y se recibe la eucaristía, constituye un solo acto de culto divino, con el cual se ofrece a Dios el sacrificio de alabanza y se realiza plenamente la redención del hombre.

Oración del V Centenario Eucarístico

Padre Misericordioso,
que nos redimiste
por medio de tu Hijo Jesucristo,
quien nos pidió conmemorar su Pascua
en el sacramento de la Eucaristía,
alimento para la vida del mundo,
te suplicamos que,
al celebrar el V centenario de la primera Eucaristía en Tlaxcala,
tu Espíritu nos impulse
por la fuerza de este Sacramento
a responder a la situación de nuestro tiempo,
para hacer presente tu Reino de paz,
de justicia y amor,
a ejemplo de los Niños Mártires,
y por la intercesión de nuestra Señora de Ocotlán.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

II. Congresos Eucarísticos

“Los Congresos Eucarísticos, que surgieron recientemente en la vida de la Iglesia, como una peculiar manifestación del culto eucarístico, deben considerarse como una estación a la que la comunidad local invita a toda la Diócesis o una Diócesis invita a las demás diócesis de una región, nación o aún de todo el mundo, para que unánimemente se dediquen a considerar con mayor profundidad un determinado aspecto del misterio eucarístico y a venerarlo públicamente con vínculos de caridad y de unidad.

Es necesario que estos Congresos sean un signo auténtico de fe y caridad por la plena participación de la Iglesia local y por la manifestación de la unión con las demás Iglesias” (CONGREGACIÓN DEL CULTO DIVINO, Ritual de la Sagrada Comunión y del Culto a la Eucaristía fuera de la misa, nº 109-112). Más que un evento social es un acontecimiento de fe y de cultura, para formar el Cuerpo místico de Cristo y que el mundo conozca mejor el misterio de la Eucaristía.

III. Itinerario Jubilar

1. Congresos Eucarísticos

  • Congreso Eucarístico Parroquial: en la fecha del Jubileo Eucarístico de las 40 horas.
  • Congreso Eucarístico Decanal: según el decanato.
  • Congreso Diocesano: 15 de octubre de 2019.

2. Jornada de estudio sobre el Misterio Eucarístico

  • Seminaristas: Formadores.
  • Sacerdotes: Formación permanente (5-9 de agosto).
  • Vida consagrada: Vicario Episcopal para la Vida Consagrada.
  • Laicos: cada decanato organizará su Jornada.

3. Congreso Nacional

  • Congreso Eucarístico Nacional, Yuc.: 20-22 de septiembre 2019

4. Celebraciones – Corpus Christi

  • A nivel parroquial: 20 de junio de 2019.
  • V Centenario de la 1ª Eucaristía y promulgación del nuevo Plan Diocesano de Pastoral: 23 de septiembre de 2019.
  • Clausura del Año Jubilar Eucarístico, Basílica de Guadalupe: lunes 11 de noviembre de 2019.

5. Proyección social de la Eucaristía

Proyecto de la Casa de Migrantes

Una de las características propias del hombre, desde su origen, ha sido su movilidad, la cual no siempre ha sido positiva, pues en muchas de las ocasiones, millones de seres humanos se ven obligados a dejar su pueblo y su cultura, lo que deriva en pobreza, violencia, falta de oportunidades, rechazo racial, político y religioso, desintegración familiar, trata de personas, necesidad de refugio, constitución de nuevas familias, soledad, desarraigo y una vulnerabilidad jurídica ante su situación de inmigrantes indocumentados (cf. Conferencia del Episcopado Mexicano, Proyecto Global de Pastoral –PGP-, nº 38)
En el Jubileo del año 2000, nuestra Diócesis fundó la Casa de Migrantes ‘La Sagrada Familia’, como un centro de acogida para los migrantes que transitan por nuestro Estado. En estos 19 años, han pasado más de 40,000 migrantes; tan sólo en el año 2018, se han atendido a más 7,500 y, durante este año 2019, han pasado más de 2,000.
Jesús vivió, junto a su familia, la experiencia como migrante refugiado (cf. Mt 1,13- 18). Su vida como refugiado, pone delante de nosotros la cruda experiencia de quien tiene que huir a causa del odio de los demás, pero también el rostro de una paternidad responsable en la persona de san José, que amorosamente carga con su familia para darle protección, atención y cuidado. La familia de Nazaret es signo de fortaleza para todas las familias que sufren dejando su lugar de origen por razones de seguridad o buscando mejores condiciones de vida (cf. PGP, 114).

Ante una realidad migrante, no podemos dejar de lado esta situación. Por ello, en este Año Jubilar Eucarístico, que estamos celebrando en nuestra Diócesis, queremos fortalecer la atención cercana a nuestros hermanos migrantes, que transitan por nuestras tierras tlaxcaltecas, defendiendo sus derechos y, de esta manera, responder a la motivación que nos hace el Papa Francisco: “… la Eucaristía es la fuente del océano de misericordia porque, en ella, el Cordero de Dios inmolado… hace surgir de su costado abierto ríos de agua viva; la misericordia entra así en las venas del mundo” (10-XI-18).

6. Adoración nocturna y Asociaciones / Hermandades Eucarísticas

  • – Fruto del V Centenario Eucarístico: fortalecimiento de la Adoración Nocturna, Asociaciones, Hermandades Eucarísticas.

IV. Subsidios para el Año Jubilar Eucarísticos

  1. Lectura orante de la Palabra
  2. Catequesis
  3. Esquemas de Hora Santa
  4. Instructivo para las indulgencias
  5. Revisión de los espacios y del culto a la Eucarístia.
  6. Actualización de las licencias del Sagrado Depósito en comunidades de la parroquia.

V. El don de la indulgencia plenaria

¿Qué es una indulgencia?
El pecado lleva consigo una culpa y una pena.

  • La culpa es la ofensa hecha a Dios y se borra a través de la confesión.
  • La pena es el castigo que dicha ofensa merece y puede ser eterna o temporal.
  • La pena eterna es la privación de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna.
  • La pena temporal es la que permanece luego de que los pecados han sido perdonados en la confesión; hay que expiarla en esta vida o en el purgatorio. En la vida se satisface con todo acto de amor a Dios y toda obra bue na hecha en estado de gracia y con la indulgencia.

La Indulgencia es el perdón de la pena temporal por los pecados cometidos. La Iglesia, por su mediación, en virtud del poder de atar y desatar, que le fue concedido por Cristo (Mt 18,18), interviene en favor del cristiano y le abre los tesoros de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de las misericordias la remisión de las penas temporales debidas por el pecado. La Iglesia concede las indulgencias a los fieles que cumplen ciertas condiciones.
La indulgencia es parcial o plenaria, según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente. Pueden aplicarse para sí mismos o para los difuntos como sufragio, no para las personas que aún viven.

¿Cómo se obtiene la gracia de la Indulgencia plenaria? Cumpliendo tres condiciones:

  1. La confesión sacramental
  2. La comunión eucarística
  3. La oración por las intenciones del Sumo Pontífice (Padre Nuestro y Ave maría)

Además de la exclusión de todo afecto a cualquier pecado, incluso venial, es decir estar en gracia de Dios.
¿Cómo obtener la Indulgencia plenaria en el Año Jubilar Eucarístico? La Santa Sede ha concedido durante el Año Jubilar (hasta el 11 de noviembre de 2019) obtener la gracia de la Indulgencia plenaria a quienes, verdaderamente arrepentidos e impulsados por el amor, participen devotamente en alguna de las siguientes manifestaciones de fe y amor:

1. Congresos Eucarísticos, acciones litúrgicas, ejercicios de piedad y peregrinaciones a templos diocesanos.
Se concede la Indulgencia Plenaria a todos y a cada uno de los fieles, que participen en los Congresos Eucarísticos, ya sean diocesano, decanales o parroquiales, con las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice, con el corazón totalmente desapegado del afecto a cualquier pecado), y además se concederá a aquellos que participen con atención y piedad en alguna acción litúrgica o en un ejercicio piadoso realizado en honor del Santísimo Sacramento, solemnemente expuesto o reservado en el sagrario.
Se concede también a quienes visiten como peregrinos los templos diocesanos designados y participen devotamente en la celebración eucarística o actos de piedad (Rosario, Viacrucis, etc) o mediten, durante un tiempo conveniente, concluyendo con la oración del Padre Nuestro, el Credo y una invocación a Nuestra Madre Santísima, la Virgen María.

Los templos designados son:
     A nivel Diocesano
        La Santa Iglesia Catedral, Tlaxcala
        Santuario de los Niños Mártires, Atlihuetzia
     Decanato de Tlaxcala:
        Basílica de Nuestra Señora de Ocotlán
     Decanato de Huamantla:
        Convento Franciscano
     Decanato de Apizaco:
        Basílica de la Misericordia
     Decanato de Santa Ana:
        Templo parroquial de Ntra. Sra. de Santa Ana
     Decanato de Zacatelco:
        Santuario de la Preciosa Sangre, Sto. Toribio
     Decanato de Nativitas:
        Templo parroquial de la Natividad de María
     Decanato de Calpulalpan:
        Templo parroquial de San Antonio de Padua

2. Ancianos, enfermos y cuantos no puedan salir de casa

Los ancianos, enfermos y cuantos por causa grave no puedan salir de casa, igualmente podrán ganar la Indulgencia, manteniendo aversión al pecado y con intención de cumplir en cuanto puedan las tres condiciones habituales (confesión sacramental, comunión eucarística y oración por las intenciones del Sumo Pontífice, con el corazón totalmente desapegado del afecto a cualquier pecado), si espiritualmente se unen a las celebraciones jubilares y ofrecen a Dios misericordioso oraciones y los dolores o incomodidades de su propia vida.

Ministerio de la confesión
Para que el acceso al perdón divino resulte más fácil por medio de la caridad pastoral, se exhorta a los sacerdotes a estar dispuestos con ánimo diligente y generoso a oír las confesiones de los fieles en la celebración del sacramento de la Penitencia y, así, manifestar la misericordia de Dios Padre.

Bendición papal en el Año Jubilar Eucarístico

Mons. Julio C. Salcedo Aquino, m.j., Obispo de Tlaxcala, con ocasión del Año Jubilar Eucarístico, por una gracia especial del Santo Padre Francisco, impartirá a todos los fieles, con las condiciones acostumbradas (Confesión sacramental, Comunión eucarística y Oración por las intenciones del Sumo Pontífice), la Bendición papal con Indulgencia plenaria anexa, el día 15 de octubre de 2019, al término de la celebración del divno Sacrificio del Congreso Eucarístico Diocesano y 2º aniversario de la canonización de los Niños Mártires Cristóbal, Antonio y Juan.
Los fieles, que por un motivo razonable no asistieren a la celebración eucarística, y reciban devotamente la Bendición papal, mediante la radio, la internet o la tv, podrán alcanzar la Indulgencia plenaria, con tal de que se unan de corazón a dicha celebración.

“Hagan esto en memoria mía”

Año Jubilar Eucarístico
Diócesis de Tlaxcala
1519-2019

 

Oración

  500 años de la 1er misa celebrada en México.