Un llamado a la caridad y a la oración, compartiendo de y desde nuestra pobreza

Los saludo, con la seguridad de que Nuestra Señora de Ocotlán nos acompaña en estos
momentos adversos.
Los desastres naturales posiblemente han generado en algunos de nuestros fieles y
demás ciudadanos sentimientos de angustia, confusión y desesperanza, poniendo a
prueba incluso su misma fe.
Quiero dar una palabra de aliento y motivación desde Jesús y su evangelio. No
olvidemos que toda crisis puede ser fuente de crecimiento. Deseo que todos puedan
experimentar la cercanía afectiva y efectiva de la Iglesia, que no es ajena a los
sufrimientos de sus hijos, antes bien, sufre con ellos y quiere poner a su disposición todos
los medios para suscitar una renovada esperanza.
Es hora de una actitud proactiva y no autoreferencial; que los lamentables sucesos de
estos días nos impulsen a dar un paso adelante y ampliar nuestra mirada hacia quienes
claman por gestos concretos de solidaridad cristiana.
Hermanos de Tlaxcala, recordemos la exhortación del apóstol Pablo: “¿Quién nos
separará del amor de Cristo? ¿la tribulación, o la angustia…? Estoy seguro de que ni la
muerte, ni la vida, ni lo presente, ni lo que está por venir, ni ninguna otra cosa nos podrá
separar del amor de Dios” (Rom 8, 35.38-39). Con la seguridad de que estamos en las
manos de Dios, hago un llamado a toda la Diócesis a fin de que nuestra fe se manifieste
en caridad, compartiendo los dones que nuestro Padre Dios nos ha concedido. Seamos
solidarios con nuestros hermanos que sufren.
En Tlaxcala tuvimos daños materiales, pero no pérdidas humanas; ésta es una gracia
que recibimos, pero al mismo tiempo es una llamada a la caridad. Demos gracias a Dios
por este don que nos concedió, compartiendo de y desde nuestra pobreza. Ayudemos a
nuestros hermanos necesitados.
Para lograr esto, cada parroquia se convertirá en un Centro de acopio de víveres y
artículos de primera necesidad, apoyado por los grupos parroquiales y personas de buena
voluntad. El centro de acopio diocesano está a espaldas de la Basílica de Nuestra Señora
de Ocotlán, calle Morelos n. 1.
También invito a cada parroquia a promover momentos de oración en sus comunidades
por el eterno descanso de los que han fallecido, por las familias que han perdido seres
queridos, por los que se han quedado sin casa, por los que han experimentado dolor y
sufren soledad en su espíritu, etc. La oración es siempre silenciosa, pero Dios la escucha.
Por solidaridad con las familias que sufren, a fin de unirnos a su dolor, y también por
seguridad, sabiendo que puede haber réplicas del sismo, este año haremos la Fiesta
Diocesana de los Niños Mártires en el mes de noviembre, cuando demos gracias por su
canonización.
Por otra parte, he pedido a los párrocos que estén atentos al estado de sus templos,
casas parroquiales y anexos, y que estén en estrecha colaboración con las autoridades
civiles. Los templos se mantendrán cerrados hasta que se nos dé luz verde para abrirlos;
algunos están seriamente dañados. Pido la comprensión y prudencia de todos.
Agradezco a las autoridades civiles el apoyo que han prestado a toda la población y por
el trabajo de coordinación que hemos tenido.
Pedimos a los Niños Mártires de Tlaxcala que intercedan por nosotros ante nuestro
Padre Dios a fin de que nos dé consuelo y fortaleza para superar esta situación adversa
que estamos pasando.

 

20 de septiembre de 2017.

+ Julio C. Salcedo Aquino, m.j.
IV Obispo de Tlaxcala