“¡Es el amor el que debe triunfar,no la guerra!

Jornada Diocesana por la paz

La “bajada” de la imagen de Nuestra Señora de Ocotlán, el pasado 18 de mayo de 2026, fue dedicada a la oración por la paz en el mundo. Presentamos la homilía que, en la Basílica de Ocotlán, mons. Julio C. Salcedo Aquino, Obispo de Tlaxcala, pronunció en la celebración eucarística, culmen de la Jornada.

Hermanos, como cada año, estamos en torno a María Nuestra Madre, en su casa de Ocotlán, pues a ella estamos encomendados como Patrona de Nuestra Diócesis. Somos sus hijos y todos, los de este pueblo y otros pueblos, experimentamos la protección y el amor de Nuestra Señora. Ella ha querido quedarse en este lugar para escucharnos, consolarnos, dirigir su mirada hacia nosotros. Todos experimentamos esta presencia maternal y, por esto, nos sentimos contentos y nos reunimos como una sola familia en torno a ella, quien nos da siempre a su Hijo Jesús para que lo escuchemos y hagamos vida su palabra.

Además de las intenciones personales, que colocaremos en el hueco de sus manos, traemos una intención, que está en el corazón del Santo Padre, el Papa León XIV: pedir por la paz. Durante el primer año de su Pontificado, ha incrementado los llamados por la paz en un mundo que está al borde de una guerra mundial. Así lo ha hecho en mensajes, catequesis, audiencias, reuniones, saludos a peregrinos, llamadas telefónicas, oraciones, homilías y respuestas a periodistas. Es una súplica incesante a Nuestro Padre Dios para que la humanidad no caiga en la tentación de la división y de la violencia, sino que nos esforcemos, sin vacilación ni temor, en construir esa paz que es, a la vez, don y fruto de la humanidad.

“La violencia nunca es la opción correcta”, dijo el Papa (1-III-2025), y ese mismo día manifestó: “La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo mediante un diálogo razonable, auténtico y responsable”. Y el pasado mes de abril, el Papa, desde el Santuario Mariano de Mamá Muxima, en Angola, lanzó un nuevo llamado por la paz, pidiendo la intercesión de Nuestra Señora; dijo: “¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra! Esto nos enseña el corazón de María, el corazón de la Madre de todos” (19-IV-2026).

Necesitamos la intercesión de Nuestra Señora para que nuestra patria, comunidades y familias puedan superar los tiempos difíciles, los conflictos, las tensiones sociales y desigualdades crecientes, la violencia. Por este motivo, uniéndonos al deseo del Papa León, hemos realizado, con motivo de la “bajada” de la imagen de Nuestra Señora de Ocotlán, una Jornada Diocesana de oración por la paz, para pedir que triunfe el amor, el diálogo, no la guerra ni la violencia.

Hoy, en la madrugada, la imagen de Nuestra Señora inició el recorrido por la ciudad de Tlaxcala. La Diócesis, en Vigilia de oración por la paz, representada por los Decanatos, movimientos laicales, vida consagrada, pueblo santo de Dios, ha acompañado la imagen por calles, plazas, mercado, terminal de autobuses, comercios, templos, oficinas, el “Pocito”, lugar donde brota el “agua santa”. La peregrinación de fe ha pasado por donde la vida se construye cada día, haciendo oración por la paz en las diversas estaciones del recorrido.

Por otra parte, en las comunidades, a medio día, se han repicado las campanas para la oración del Santo Rosario y muchos hermanos nuestros siguen, a través de las redes, esta Jornada que tiene como culmen la celebración de la Eucaristía, fuente de paz para el mundo, don de Cristo resucitado.

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El texto del Evangelio que hemos escuchado es uno de los pasajes centrales del Nuevo Testamento, que nos presenta a:

  • Nuestro Padre Dios que actúa dirigiendo los caminos de la historia y que actúa decididamente en María:
  • Habla a través del ángel, que es la expresión de su cercanía.
  • Actúa creadoramente por medio de su Espíritu
  • Envía a su Hijo, que nacerá de María.
  • María, que se mantiene abierta al misterio de Dios y concretiza la esperanza de Israel y el caminar de aquellos pueblos que buscan la verdad. María es la humanidad que ama y espera, que acepta a Dios, admite su Palabra y se convierte en instrumento de su obra.
  • El Espíritu Santo.
  • Quien, desde el antiguo testamento, es la fuerza divina que conduce a los hombres hacia Cristo
  • Es el poder de Dios que sostuvo a Cristo en el camino de su vida.
  • Es la herencia que Jesús nos ha dejado por su Pascua, la fuerza del amor que ofrece al mundo como el don supremo de su vida, en Pentecostés.
  • Es la fuerza de Dios que llena a la persona de María y la convierte en madre de Cristo.
  • Jesús, fruto del adviento de la historia, que culmina en la persona de María. Y, a la vez, procede de la fuerza transformante de Dios, brota del Espíritu.
  • La salvación. Todo el relato, con la palabra del ángel, la respuesta de María y la presencia creadora del Espíritu, se ordena hacia una meta precisa: la salvación de los hombres. Esta plenitud está significada en la misma figura de María, que espera, escucha la palabra de Dios y colabora.

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A Nuestra Señora, a su corazón de Madre, pedimos el don de la paz, pues desde su amor, nos ha dado a Jesús, Príncipe de la paz. En Belén, cuando María dio a luz a su hijo Jesús, los ángeles entonaron: “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que gozan de su amor”.

Por esto el Papa afirma que es el amor el que debe triunfar, no la guerra. Y aquí, en este Santuario de Nuestra Señora, aprendemos que su corazón quiere la paz, aquí, en este Santuario, recibiremos el don de la paz, a su Hijo Jesús. Ella desea que, en nuestras familias, comunidades, nación y el mundo entero resuenen las palabras del ángel en la anunciación: “¡Alégrense, No tengan miedo, Para Dios no hay imposibles”! Es la invitación a la confianza, a la serenidad, a la alegría Esto nos enseña el corazón de María, el corazón de la Madre de todos nosotros.

Desde nuestras propias instancias, estamos llamados a fortalecer el compromiso por la paz y el bien común. “Hay una ‘arquitectura’ de la paz, donde intervienen las diversas instituciones de la sociedad, cada una desde su competencia, pero hay también una ‘artesanía de la paz’ que nos involucra a todos. Sí, la paz se construye artesanalmente” (Francisco, 28-V-2014); muchas personas son “artesanos de paz” y la construyen día a día con pequeños gestos y acciones.

Desde este Santuario de Nuestra Señora de Ocotlán nos unimos a la oración que compuso el Santo Padre León XIV:

Señor de la Vida,
que moldeaste a cada ser humano a tu imagen y semejanza,
creemos que nos creaste para la comunión, no para la guerra,
para la fraternidad, no para la destrucción.

Tú que saludaste a tus discípulos diciendo: “La paz esté con ustedes”,
concédenos el don de tu paz
y la fortaleza para hacerla realidad en la historia.
Hoy elevamos nuestra súplica por la paz en el mundo,
rogando que las naciones renuncien a las armas
y elijan el camino del diálogo y la diplomacia.

Desarma nuestros corazones del odio, el rencor y la indiferencia,
para que podamos ser instrumentos de reconciliación .