CARTA APOSTÓLICA “MISERICORDIA ET MISERA”

Pbro. William Urriola Rosales

Queridos jóvenes, continuamos con la reflexión de algunos textos magisteriales actuales como parte de una búsqueda de formación y acción espiritual, no olvidemos que todo aquello que recibimos se debe transformar en acciones y a su vez, convertirnos en mejores agentes de pastoral, para construir la civilización del amor. En este mes nos encontramos con esta carta apostólica de su santidad el Papa Francisco, de feliz memoria; Misericordia et misera, concluye el jubileo extraordinario de la misericordia, fechada el día 20 de noviembre del 2016, nos invita a no dejar guardada la gracia recibida en el jubileo, a llevar la misericordia a la vida, a nuestro día a día, para crear y promover la cultura de la misericordia.

Desde el título nos orienta, pues, nos recuerda que el misterio del amor de Dios va al encuentro del pecador. Así es como describe San Agustín el encuentro de Jesús con la mujer adúltera (Jn 8, 1-11), quedaron sólo la miserable y la misericordia. Sin embargo, no se encuentra el pecado y el juicio sino la pecadora con el Salvador, la mirada compasiva que ve el corazón deseoso de comprensión, perdón y libertad (cf. MM 1), Dios no sólo ve nuestro pecado, ve a un hijo necesitado de su amor, la gracia del perdón es signo del amor de Dios, “don” inmerecido e incondicionado, ningún amor se queda para sí mismo, sino que se hace externo, no se guarda porque se asfixia y muere, únicamente en la libertad puede tener vida y frutos. Hay que dejar que la misericordia de Dios, además de disfrutar de su amor, nos transforme profundamente en testigos de sí.

La carta invita, también, a valorar los sacramentos de sanación, especialmente la reconciliación y con ello a ser capaces de abrirnos a perdonar. No existe pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar a destruir, donde hay un corazón arrepentido que busca el perdón de Dios Padre (cf. MM 12), reconocer que nuestras vidas, en medio de las alegrías y dolores, sueños y obstáculos, son un don de Dios único e irrepetible, es ahí, en esa vida, donde Dios se inclina para encontrarnos. La misericordia renueva, Dios hace nuevas todas las cosas, nos redime. “Soy amado, luego existo: he sido perdonado, entonces renazco a una vida nueva: he sido «misericordiado»” (MM 16), para misericordiar.

Viviendo la misericordia en lo más profundo de nuestro ser, para ser misericordiosos desde lo más pequeño de nuestra cotidianidad, así nazca y se desarrolle una cultura de la misericordia, que nos haga entender que el encuentro con el otro es, también, encuentro con Dios. Superando la tentación del egoísmo y de la misericordia teórica, no guardar, por miedo a que se acabe lo que Dios generosamente nos ha dado, porque la misericordia mientras más se comparte más se expande.

¿QUÉ PODEMOS HACER? Aquí te propongo 5 Acciones que puedes realizar:

  1. Vive de manera profunda la Eucaristía, sobre todo y con mayor fervor, el acto penitencial, la consagración, la oración del Padrenuestro y el signo de la paz.
  2. Practica alguna de las obras de misericordia, espirituales y corporales, para esto conviene que las recuerdes y las repases.
  3. Busca el sacramento de la penitencia haciendo un examen de conciencia profundo.
  4. Sé testigo de la ternura divina, abraza a alguien que lo necesite, da la mano a quien está pasando por un mal momento, motiva o incluye a algún joven de tu grupo que se ha sentido excluido, acompaña a un joven que se sienta triste, si no tienes palabras acompaña en el silencio, esto es también lenguaje de la consolación.
  5. Pide perdón, necesitamos perdonar y ser perdonados.

Una extra, agradece, la misericordia no busca el agradecimiento, pero es necesario que el que la recibe sepa agradecer. No limites tu creatividad, hay muchísimas formas en que podemos hacer de la misericordia nuestra forma de vida.  “Es tiempo de la misericordia; nadie está fuera de la cercanía de Dios y del poder de su ternura.” (MM 21). “Xto vive y te quiere vivo”.