SEÑORA SANTA ANA

Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

En una cultura como la de este tiempo, en la que se exalta el feminismo, podemos resaltar la figura de santa Ana, la abuela de Jesús. En varias pinturas de la santa, se le ve sentada y junto a ella a la “niña” María a quien le está enseñando las labores domésticas, sin embargo, también existen pinturas en las que le está enseñando con un libro en las piernas a leer y estudiar las escrituras.

La imagen de santa Ana enseñando, es muy importante porque para el tiempo de María-niña, el analfabetismo era altísimo especialmente en el caso de las mujeres cuya enseñanza se pedía, fuera para capacitarla en las labores domésticas.

Santa Ana, contra la cultura del tiempo, enseñó a María las letras que le permiten alcanzar una mente crítica, de tal manera que, cuando el Ángel Gabriel se le presenta para anunciarle que sería madre, ella cuestiona esa posibilidad, pues “no conocía varón”, es decir, ella se mantenía virgen.

La formación en las letras para las mujeres, históricamente, ha sido un pendiente, basta recordar la película de “Cantinflas”, El Profesor, en la que el grupo de alumnos era exclusivamente de hombres y no había cuestionamientos. Y eso que se trata de un tiempo del siglo XX.

Yo recuerdo que cuando de niño iba a la primaria, que en aquellos tiempos no era obligatoria, los maestros trataban de convencer a los papás para que enviaran a sus hijos a la escuela y en el caso de los niños, los papás defendían a sus hijos, quienes los ayudaban en el campo y por ello no los enviaban al colegio. En el caso de las niñas se decía que ayudaban en las labores domésticas y en el cuidado de los hijos más chicos; muchas niñas desarrollaban funciones maternales cuidando a sus hermanos más pequeños.

Cuando aceptaban que las niñas fuesen a la escuela primaria, en general ya no las mandaban a la secundaria porque según los papás, las niñas tienen que prepararse para el matrimonio y, el estudio, era una pérdida de tiempo.

La situación que viví de niño era muy desfavorable para las niñas, ahora, imaginemos 2000 años atrás cuál era la situación de las niñas en materia de los estudios. Platón mismo, pensaba que enseñar a las mujeres era una pérdida de tiempo, sólo Epicuro de Samos fue en único que se atrevió a abrir su escuela “El Jardín” para que las mujeres que quisieran pudiesen asistir a aprender filosofía, esta decisión le ganó muchas enemistades.

Por la enseñanza que ofreció santa Ana a su hija María, y tal vez que recibió de santa Emerenciana, mamá de santa Ana y abuela de María, es que me causa admiración porque se trata de una mujer que rompe los esquemas y se arriesga a enseñar aún en una cultura donde aprender estaba reservado a pocos y en general a los varones.

La mentalidad crítica y el liderazgo de María se entiende a partir del aporte de sus padres, obviamente de san Joaquín, pero por las referencias pictóricas, parece que esa labor fue decisión de santa Ana.

El feminismo de hoy debiera tener a santa Ana como un referente de que la cultura es la forma más segura de promover a la mujer y su protagonismo. Sin meterme en la actuación violenta de grupos que piensan que se puede escalar con acciones violentas como las que hemos visto en el 8M, la mejor manera desde mi punto de vista es la de la educación y la formación de las mujeres.

A Timoteo, discípulo de san Pablo le hacía ver el apóstol la importancia de tener en cuenta la formación recibida por su abuela Loida y su madre Eunice (2Tim. 1,5). Si así de importante es la actuación de la abuela y madre en la formación de Timoteo, podemos inferir la importancia de santa Emerenciana y de santa Ana en la formación de María. Así se puede entender la personalidad, liderazgo y posición fuerte de María en la vida de Jesús.

Hoy creo que las abuelas y las madres siguen teniendo un papel protagónico en la formación de las niñas, para que adquieran una personalidad y una actitud ante la vida resiliente y capaz de enfrentar cualquier situación por muy dura que sea con la misma entereza con la que María enfrentó su embarazo, su huida a Egipto, la pérdida de su hijo a los doce años, la pasión, la muerte y su posición “de pie junto a la cruz”.

Santa Ana, una mujer visionaria y fuerte que preparó a su hija María para cumplir la misión para la que Dios la había elegido.