Jornada Diocesana por la paz“¡Es el amor el que debe triunfar,no la guerra!”.

¡Vamos, vamos todos a Ocotlán! a “la bajada” de la Virgen 2026

La imagen de Nuestra Señora de Ocotlán, Patrona de la Diócesis, bajará a la ciudad de Tlaxcala, como todos los años, acompañada por el pueblo santo de Dios en vigilia de oración. Esta peregrinación será el próximo lunes 18 de mayo, iniciando a la primera hora de ese día, precedida por una celebración de la Palabra como Rito de salida. Recorrerá calles, plazas, mercado, terminal de autobuses, comercios, templos, oficinas y regresará a su Basílica, pasando por el “Pocito”, lugar donde señaló el “agua santa”. El paso de la imagen por los lugares donde se construye la vida cada día es una bendición, pues su mirada nos dará paz y consuelo. Esta manifestación de fe concluirá con la celebración de la Eucaristía, culmen de lo que conocemos como “la bajada” de la Virgen”.

Esta fiesta de oración y súplica ferviente tendrá este año una intención especial, como nos ha pedido insistentemente el Papa León XIV: la paz en el mundo, en nuestro país, en nuestras comunidades, en nuestras familias. En menos de un año de su Pontificado, ha intensificado los llamados por la paz en un mundo que está al borde de una guerra mundial. El Papa ha pedido la paz en mensajes, catequesis, audiencias generales, reuniones, saludos a peregrinos, llamadas telefónicas a jefes de Estado, oraciones, homilías y respuestas a periodistas. Esta es una súplica incesante a Nuestro Padre Dios para que la humanidad no caiga en la tentación de la división y de la violencia, sino que nos esforcemos sin vacilación ni temor por construir esa paz que es, a la vez, don y fruto de la humanidad.

“La violencia nunca es la opción correcta”, ha dicho el Papa, y ha añadido: “La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo mediante un diálogo razonable, auténtico y responsable”.

La Conferencia del Episcopado Mexicano, en su reciente Mensaje al Pueblo de Dios, compartió que el Papa León XIV, en Argel, se presentó como “peregrino de paz” y pronunció palabras que resuenan con fuerza particular en nuestra realidad mexicana: “Multipliquemos los oasis de paz, denunciemos y eliminemos las causas de la desesperación, luchemos contra quienes lucran con la desgracia ajena”. Y los obispos concluyen: “Nos sigue preocupando la situación de inseguridad que vivimos en el país… Callar ante la inseguridad es traicionar el evangelio. Un país que normaliza la muerte pierde vida, la violencia no solo destruye vidas, corrompe la esperanza. Hacemos una llamada a la sociedad civil organizada para seguir trabajando por la paz y la reconciliación en el país…” (16-IV-2026).

El Papa León XIV, antes de su Viaje Apostólico a África, realizó una Vigilia de oración y Rosario por la paz en la Basílica de San Pedro, en donde expresó: “¡Basta de guerra!”(11-IV). Y, en su reciente visita al Santuario Mariano de Mamá Muxima, corazón espiritual de Angola, después de la oración del Rosario, afirmó: “¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra!. Esto nos enseña el corazón de María, el corazón de la Madre de todos”. Es un llamado directo al mundo, especialmente en tiempos de conflictos, tensiones sociales y desigualdades crecientes. Por este motivo, he convocado a toda la Diócesis a una Jornada de oración por la paz, pidiendo a Nuestra Señora de Ocotlán que triunfe el amor, no la guerra.

Esta será la intención de la Jornada de oración por la paz, en “la bajada” de la Virgen. Que, en este día, todas nuestras comunidades se unan a esta intención con diversos signos de súplica confiada, que se compartirán en las Parroquias. Tengamos presentes las palabras del Papa León XIV: Nuestra Señora“nos pide que nos dejemos transformar por los sentimientos de su corazón, para ser como Ella constructores de justicia y portadores de paz”.

Nuestra Señora siempre ha acompañado a nuestro pueblo. Llevemos esta certeza en el corazón. La primera “bajada de la Virgen” se realizó hace más de 500 años, cuando se celebró la primera Misa en Tlaxcala, en 1519, con tres signos de vida y de paz: una cruz, un altar y la imagen de Nuestra Señora; ese día, a ejemplo del discípulo amado, recibimos a Nuestra Señora como Madre para aprender de ella y dejarnos acompañar por su presencia. Luego, en 1541, hace 485 años, Nuestra Señora nos visitó en el cerro de Ocotlán, cuando la región padecía enfermedad y muerte, producidas por una epidemia de viruela, que azotaba la región. Ante esta dramática situación, nuestro pueblo fue bendecido por la presencia de Nuestra Señora, quien salió al encuentro del indígena Juan Diego, de la comunidad de Xiloxoxtla; este joven, regresaba del río Zahuapan, llevando agua para confortar a sus familiares enfermos. Nuestra Señora le preguntó con cariño:

-¿Adónde vas, hijo mío?,

mostrando interés por el sufrimiento de sus hijos. Ante la pregunta, Juan Diego respondió:

-Llevo agua del río para mis enfermos, que mueren sin remedio.

María le hizo la siguiente invitación:

-Ven, sígueme; te daré otra agua con que sanen no sólo tus parientes, sino todos aquellos que la beban. Toma de esta agua cuanto quieras. Y todos los que la tomen se verán libres de la enfermedad.

Juan Diego, confiando en las palabras de la Santísima Virgen, derramó en la tierra el agua del río Zahuapan, que llevaba en su cántaro, para llenarlo con el agua pura que le ofreció. Y la paz llegó a las familias.

María siempre señala el lugar donde brota el agua de la vida y de la paz: su Hijo Jesús. Hoy estamos llamados, como Juan Diego, a vaciar nuestras vasijas y cántaros llenos de falsas seguridades para llenarlos del agua viva, es decir, de la gracia que Dios nos ofrece por intercesión de la Santísima Madre de su Hijo. Así alcanzaremos vida, salud, paz.

Si el Papa realizó una Vigilia de oración por la paz en el Vaticano con el Rosario (11-IV) y fue al Santuario de Mamá Muxima, Angola, para pedir por la paz también con el Rosario (19-IV-2026), nosotros también vayamos al Santuario de Nuestra Señora de Ocotlán, uniéndonos en oración con la Iglesia universal, para pedir también el don de la paz para el mundo y nuestra patria, asumiendo el grito del Papa: “¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra!”.

Vamos, vamos todos a Ocotlán a pedir el don de la paz. En Ocotlán, Nuestra Señora:

  • aleja de nosotros el miedo y las dudas;
  • nos invita a poner nuestra confianza en la misericordia de Dios;
  • nos da a Jesús, Príncipe de la paz;
  • nos dice, una y otra vez: “Vayan con Jesús y hagan lo que Él les diga”;
  • nos da a Jesús como un amor más fuerte que las potencias del mal y de la muerte, siendo también fuente de gozo, confianza filial, consuelo y esperanza (cf. Benedicto XVI, 12-XIII-2011);
  • nos señala el lugar donde brota el agua de la vida y de la paz: su Hijo Jesús. Esta “agua santa” es signo de la misericordia de Dios para transformar las situaciones que acongojan a la humanidad, sobre todo la violencia y la guerra;
  • nos invita a derramar en la tierra el agua que llevamos en nuestros cántaros, el agua de las falsas seguridades, de lo efímero, de nuestro egoísmo, de la violencia, de lo que nos aleja de Dios y de los demás, para llenarlos con el agua viva, que es Jesús, misericordia del Padre;
  • nos invita a repetir con el Papa León: “¡Es el amor el que debe triunfar, no la guerra!”.

Julio C. Salcedo Aquino, MJ
Obispo de Tlaxcala