CAPÍTULO IX
Pbro. Arturo Gutiérrez Hernández
5. LAS ASOCIACIONES, LOS MOVIMIENTOS, LOS GRUPOS DE FIELES
El reconocimiento de las parroquias no reduce sólo a ellas la experiencia eclesial. Las asociaciones, los movimientos y los diversos grupos eclesiales tuvieron un nuevo florecimiento después del Concilio Vaticano II. Son una realidad en la Iglesia que muestra su gran capacidad evangelizadora, penetrando en ambientes hasta ahora lejanos de las estructuras tradicionales.
La asociación de fieles ha acompañado a la historia cristiana y resurge con la renovación del apostolado. Hay que favorecerlo, reconociendo que el Espíritu Santo distribuye sus carismas libremente (cf. 1 Cor 12,11).«Los movimientos representan un auténtico don de Dios para la nueva evangelización y para la actividad misionera» (JUAN PABLO II, Carta encíclica Redemptoris missio [diciembre 7 de 1990], 72.).
Aunque haya muchas diferencias en finalidades y metodologías, hay unos elementos comunes: el descubrimiento de la dimensión comunitaria; el reforzamiento de diferentes aspectos de la vida cristiana, como la escucha de la Palabra, la práctica de la piedad, la caridad; la promoción del laicado en la misión eclesial y social.
La Iglesia ha reconocido el derecho a las asociaciones de fieles, fundándolo sobre la dimensión social de la naturaleza humana y sobre la dignidad bautismal. «La razón profunda es eclesiológica, como lo reconoce abiertamente el Concilio Vaticano II diciendo que el apostolado asociado es “una expresión de la comunión y de la unidad de la Iglesia en Cristo”» ([AA 18]25).
Las asociaciones eclesiales «son una riqueza de la Iglesia que el Espíritu suscita para evangelizar todos los ambientes y sectores. Muchas veces aportan un nuevo fervor evangelizador y una capacidad de diálogo con el mundo que renuevan a la Iglesia.
Ellas han favorecido la renovación de la misión: partiendo de la escucha de la Palabra de Dios; sembrando el Evangelio en la cultura y en las situaciones de las poblaciones locales, sobre todo entre los pobres; favoreciendo experiencias de vida comunitaria más acogedoras; impulsando a las personas a una participación consciente en la evangelización. «Son un signo de la vitalidad en la Iglesia, instrumento de formación y de evangelización, punto de partida válido para una nueva sociedad fundada sobre la “Civilización del Amor”.
Si viven verdaderamente en unidad con la Iglesia, son una auténtica expresión de comunión y un instrumento para edificar una comunión aún más profunda. Por ello, dan una gran esperanza para la vida de la Iglesia» (JUAN PABLO II, Carta encíclica Redemptoris missio [diciembre 7 de 1990], 51; cf. también EN 58).
Es necesario considerar algunos aspectos al interior de estas agrupaciones:
- La catequesis es invariablemente obra de la Iglesia y, por lo tanto, el principio de su eclesialidad debe primar siempre. En consecuencia, las asociaciones, movimientos y grupos particulares se pondrán en sintonía con los planes pastorales diocesanos.
- Es necesario respetar la naturaleza propia de la catequesis, desarrollando toda su riqueza y formando en todas las dimensiones de la vida cristiana, según la sensibilidad y el estilo de apostolado propios de cada carisma.
- La parroquia está llamada a apreciar la catequesis que se realiza en sus agrupaciones porque corresponde a todas las personas y va más allá de los confines parroquiales.
6. LA ESCUELA CATÓLICA
La escuela católica:
«Busca, no en menor grado que las demás escuelas, los fines culturales y la formación humana de la juventud. Su nota distintiva es crear un ambiente de la comunidad escolar animado por el espíritu evangélico y ordenar toda la cultura humana según el mensaje de la salvación, de suerte que quede iluminado por la fe el conocimiento que los alumnos van adquiriendo del mundo, de la vida y del hombre» (GE 8).
Dignas de resaltar son estas características:
- la sintonía con la finalidad formativa de la escuela pública;
- la originalidad de la comunidad educativa animada por los valores evangélicos;
- la atención a los jóvenes;
- la premura de educar con una síntesis entre fe, cultura y vida.
La escuela católica es sujeto eclesial que hace visible la misión de la Iglesia, sobre todo en el campo de la educación y de la cultura. Tiene como punto de referencia la Iglesia particular, respecto a la cual no puede ser un cuerpo extraño. No se puede por tanto excluir o marginar, ni su identidad católica, ni su papel en la evangelización.
«De la identidad católica nacen de hecho los rasgos peculiares de la escuela, que se estructura como sujeto eclesial, lugar de auténtica y específica acción pastoral. Esta comparte la misión evangelizadora de la Iglesia y es el lugar privilegiado donde se realiza la educación cristiana» (CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, La escuela católica al inicio del tercer milenio [diciembre 28 de 1997], 11).
El ministerio de la Palabra puede ejercitarse en la escuela católica de muchas formas, teniendo en cuenta las diversas áreas geográficas y la identidad cultural de los destinatarios. Un particular relieve que merece ser resaltado es la enseñanza de la religión católica y la catequesis.
Sin embargo, aunque su motivo incida en la calidad del proyecto formativo, la catequesis y la enseñanza de la religión deben ser presentadas con todo su valor cultural y pedagógico. «La escuela católica, al empeñarse en promover al hombre en su integralidad, lo hace obedeciendo a la solicitud de la Iglesia, con la certeza de que todos sus valores humanos encontrarán allí su plena realización y su unidad en Cristo».
En un contexto de pluralismo cultural y religioso, es tarea de las Conferencias Episcopales y de cada uno de los Obispos, vigilar para que el desarrollo de la catequesis o de la enseñanza de la religión católica sea garantizado completamente y con toda coherencia.
7. LA ENSEÑANZA DE LA RELIGIÓN CATÓLICA EN LA ESCUELA
La enseñanza de la religión en la escuela católica ha tenido notables variaciones a lo largo de los tiempos. Su vínculo con la catequesis es de distinción y complementariedad. Donde la distinción no es clara, se corre el peligro de que ambas pierdan su propia identidad. La catequesis «promueve la adhesión personal a Cristo y la madurez de la vida cristiana. La enseñanza escolar, a su vez, transmite a los alumnos los conocimientos sobre la identidad del cristianismo y de la vida cristiana» (CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Educar al diálogo intercultural en la escuela católica. Vivir juntos para una civilización del amor [octubre 28 de 2013], 74)
«Su peculiar característica es el hecho de ser llamada a penetrar en el ámbito de la cultura y de relacionarse con los demás saberes. Como forma original del ministerio de la Palabra, la enseñanza religiosa escolar hace presente el Evangelio en el proceso personal de asimilación, sistemática y crítica, de la cultura» (DGC 73).
En el contexto actual, «en muchos casos, representa para los estudiantes la única ocasión de contacto con el mensaje de la fe» (BENEDICTO XVI, Exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini [septiembre 30 de 2010], p. 111).
Donde se está realizando es un servicio a la persona y una preciosa contribución al proyecto educativo de la escuela. «La dimensión religiosa, es intrínseca al hecho cultural, contribuye a la formación global de la persona y permite transformar el conocimiento en sabiduría de vida» (BENEDICTO XVI, Discurso a los participantes en el encuentro de instructores de religión católica (abril 25 de 2009).
Recibir una formación integral es un derecho de los padres y de los estudiantes, ya que el factor religioso es una dimensión de la existencia y no puede ser dejado de lado en un contexto en el que la escuela se propone el desarrollo de la personalidad. La enseñanza de la religión católica, en este sentido, tiene un gran valor educativo y contribuye al desarrollo de la sociedad misma.
Como disciplina escolar, es necesario que la enseñanza de la religión católica presente la misma exigencia de sistematización y rigor que las demás disciplinas, ya que sobre todo en este ámbito la improvisación es perjudicial y debe evitarse.
Es necesario que sus objetivos se realicen según la finalidad propia de la institución escolar. Respecto a las otras disciplinas, la enseñanza de la religión católica está llamada a madurar la disposición a un diálogo respetuoso y abierto, especialmente en este tiempo en que las posiciones se confrontan fácilmente hasta llegar a violentos encuentros ideológicos.
«De modo que a través de la religión puede pasar el testimonio-mensaje de un humanismo integral, alimentado por la propia identidad y por la valorización de sus grandes tradiciones, como la fe, el respeto de la vida humana desde la concepción hasta su fin natural, de la familia, de la comunidad, de la educación, y del trabajo: son ocasiones e instrumentos que no son de clausura sino de apertura y diálogo con todos, y con todo lo que conduce al bien y a la verdad. El diálogo sigue siendo la única solución posible, incluso frente a la negación de lo religioso, del ateísmo y el agnosticismo» (CONGREGACIÓN PARA LA EDUCACIÓN CATÓLICA, Educar para el diálogo, op. cit., 72).
