Junio, sexto mes del año, cuando el verano llega y la primavera culmina. Justo en este mes, celebramos a papá. Hoy elevamos una acción de gracias el Señor Dios por el don de ser hombre y poder fecundar a una mujer, en el bello camino llamado amor, convirtiéndote en papá.
A modo de homenaje, presento:
La Figura del Padre en la Familia
Catequesis del Papa Francisco sobre la familia, 4 de febrero de 2015
Queridos hermanos y hermanas: ¡Buenos días!

Hoy quisiera desarrollar la segunda parte de la reflexión acerca de la figura del padre en la familia. La última vez hablé del peligro de los padres “ausentes”, hoy quiero mirar más bien el aspecto positivo. También san José estuvo tentado de dejar a María, cuando descubrió que estaba embarazada; pero intervino el ángel del Señor que le reveló el designio de Dios y su misión de padre putativo. Y José, hombre justo, “llevó a María a su casa” (Mt 1,24) y se transformó en el padre de la familia de Nazaret.
Toda familia tiene necesidad del padre. Hoy nos detenemos en el valor de su rol y quisiera comenzar por algunas expresiones que se encuentran en el Libro de los Proverbios, palabras que un padre dirige al propio hijo, y dice así: “Hijo mío, si tu corazón es sabio, también se alegrará mi corazón. Mis entrañas se regocijarán, cuando tus labios hablen con rectitud (Pr 23,15-16). No se podría expresar mejor el orgullo y la conmoción de un padre que reconoce de haber transmitido al hijo lo que de verdad cuenta en la vida, es decir, un corazón sabio. Este padre no dice: “estoy orgulloso de ti porque eres igual a mí, porque repites las cosas que digo y que hago yo”. No, no le dice esto. Le dice algo mucho más importante, que podríamos interpretar así: “seré feliz cada vez que te sentiré actuar con rectitud. Esto es lo que he querido dejarte, para que se transforme en una cosa tuya: la actitud de escuchar y actuar, de hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y para que tu pudieras ser así te he enseñado cosas que no sabías, te he corregido errores que no veías. Te he hecho sentir un afecto profundo y a la vez discreto, que quizás no has reconocido plenamente cuando eras joven e incierto. Te he dado un testimonio de rigor y de firmeza que a lo mejor no entendías, cuando hubieras querido solamente complicidad y protección. Yo mismo he debido, en primer lugar, ponerme a la prueba de la sabiduría del corazón y vigilar sobre los excesos del sentimiento y del resentimiento, para llevar el peso de las inevitables incomprensiones y encontrar las palabras justas para hacerme entender. Ahora —continúa el padre— cuando veo que tratas de ser así con tus hijos y con todos, me conmuevo. Soy feliz de ser tu padre”. Es esto lo que dice un padre sabio, un padre maduro.
Un padre sabe bien cuánto cuesta transmitir esta herencia: cuánta cercanía, cuánta dulzura y cuánta firmeza. ¡Pero cuánta consolación y cuánta recompensa se recibe cuando los hijos rinden honores a esta herencia! Es una alegría que rescata toda fatiga, que supera toda incomprensión y cura toda herida.
La primera necesidad, entonces, es precisamente ésta: que el padre esté presente en la familia. Que esté cerca de la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Y que esté cerca de los hijos en su crecimiento: cuando juegan y cuando se empeñan, cuando están despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando están taciturnos, cuando osan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando encuentran el camino. Padre presente, siempre. Decir presente no quiere decir “controlador”, ¡eh! Porque los padres demasiados “controladores” anulan a los hijos, no los dejan crecer.
El Evangelio habla de la ejemplaridad del Padre que está en los cielos —el único—, dice Jesús, que puede ser llamado realmente “Padre bueno” (cf. Mc 10,18). Todos conocen aquella extraordinaria parábola llamada del “hijo pródigo” o mejor dicho del “padre misericordioso”, que se encuentra en el Evangelio de Lucas en el capítulo 15 (cf. 15, 11-32). ¡Cuánta dignidad y cuánta ternura en la espera de aquel padre que está en la puerta de casa esperando que el hijo regrese! Los padres tienen que ser pacientes. Muchas veces no queda más que esperar, rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad, misericordia.
Un buen padre sabe esperar y sabe perdonar, desde lo profundo del corazón. Cierto, sabe también corregir con firmeza: no es un padre débil, complaciente, sentimental. El padre que sabe corregir sin humillar es el mismo que sabe proteger sin límites. Una vez escuché decir a un padre en una reunión de matrimonio: “Yo algunas veces debo pegarles un poco a los chicos, pero jamás en la cara, para no humillarlos”. ¡Qué bello! Tiene sentido de dignidad. Debe castigarlos, lo hace justamente y sigue adelante.
Entonces si hay alguien que puede explicar a fondo la oración del Padre Nuestro enseñada por Jesús, este es quien vive en primera persona la paternidad. Sin la gracia que viene del Padre que está en los cielos, los padres pierden coraje y abandonan el campo. Pero los hijos tienen necesidad de encontrar un padre que los espera cuando vuelven de sus fracasos. Harán de todo para no admitirlo, para no hacerlo ver, pero lo necesitan; y el no encontrarlo abre en ellos heridas difíciles de cicatrizar.
La Iglesia, nuestra madre, está comprometida en apoyar con todas sus fuerzas la presencia buena y generosa de los padres en las familias, porque ellos son para las nuevas generaciones custodios y mediadores insustituibles de la fe en la bondad, de la fe en la justicia y de la protección de Dios, como san José.
La familia es con razón llamada la célula fundamental de la sociedad humana. De hecho, estamos acostumbrados a pensar en la familia como el lugar donde vivimos y transmitimos nuestra fe católica, sin poner demasiada atención en cómo ella misma responde de manera precisa sobre la salvación de Cristo, que Dios nos ha revelado en la Sagrada Escritura.
AHORA, UN APORTE PARA QUE…
Descubras tu estilo de ser papá
Este “test”, te permitirá identificar tu estilo predominante en la crianza. Recuerda: no hay una forma única de criar, y el amor es la base. Responde con sinceridad con una “X” en el cirulo correspondiente para conocerte mejor.

- ¿Cómo reaccionas cuando tu hijo expresa emociones negativas, como tristeza o enojo?
- Trato de distraerlo o cambiar el tema.
- Valido sus emociones y hablo con él sobre sus sentimientos.
- Le indico que controle sus emociones y actúe de manera más positiva.
- Escucho y acepto sus emociones, pero evito profundizar demasiado en el tema.
- Ante los logros de tu hijo, ¿cuál es tu reacción?
- Le ofrezco una celebración y refuerzo la importancia del esfuerzo.
- Lo felicito, pero le recuerdo que siempre hay margen para mejorar.
- A veces paso por alto el logro o doy una felicitación genérica.
- Celebro su logro sin poner demasiado énfasis en el esfuerzo o en la mejora continua.
- Cuando tu hijo enfrenta un problema, ¿cómo sueles actuar?
- Lo escucho y entiendo, pero no le doy más vueltas ya que creo en su independencia.
- Discuto el problema con él, ofreciendo guía y posibles soluciones.
- Le digo exactamente qué debe hacer para solucionarlo.
- Prefiero no involucrarme demasiado y espero que se resuelva solo.
- Si tu hijo tiene una rabieta, ¿cuál es tu enfoque para manejarla?
- Ignoro la rabieta esperando que se calme solo.
- Me acerco para entender su frustración y ayudarlo a calmarse.
- Establezco consecuencias claras por comportamientos inaceptables.
- Soy comprensivo, pero evito poner límites estrictos.
- ¿Cómo fomentas la responsabilidad en tus hijos?
- Les asigno tareas y responsabilidades, con consecuencias claras si no las cumplen.
- Les explico las responsabilidades y nada más.
- Converso la importancia de ser responsable y reconozco sus esfuerzos por serlo.
- No presiono mucho sobre la responsabilidad, confiando en que aprenderán con el tiempo.
- Cuando tu hijo comete un error, ¿qué haces?
- Le recuerdo la importancia de aprender de los errores y lo aliento a intentarlo de nuevo.
- Puede que minimice el error para evitar que se sienta mal.
- A veces soy crítico y enfatizo la necesidad de evitar futuros errores.
- Reconozco el error, pero me centro más en consolarlo que en la lección aprendida.
- ¿Cómo arreglas el tiempo de pantalla de tus hijos?
- Les permito decidir cuánto tiempo pasan frente a las pantallas, confiando en su juicio.
- Establezco límites claros y converso sobre la importancia de un uso equilibrado.
- Restrinjo estrictamente el uso y superviso el contenido que consumen.
- No me preocupo demasiado por el tiempo de pantalla mientras no afecte otras actividades.
- Si tu hijo tiene un conflicto con un amigo, ¿cuál es tu intervención?
- Espero que resuelva el conflicto por sí mismo, interviniendo solo si es absolutamente necesario.
- Hablo con él sobre cómo se siente y discutimos maneras de abordar el conflicto.
- Puedo llegar a intervenir directamente para resolver la situación.
- Suelo restarle importancia al conflicto, sugiriendo que no se tomen las cosas tan en serio.
- ¿Cómo promueves la expresión emocional en tu hogar?
- Alentando a mis hijos a hablar sobre sus sentimientos y mostrando empatía.
- Evitando discusiones emocionales para mantener la paz.
- Manteniendo mis propias emociones bajo control y esperando lo mismo de ellos.
- Acepto la expresión emocional, pero no profundizo mucho en las conversaciones emocionales.
- ¿Cómo reaccionas si tu hijo muestra miedo o inseguridad ante nuevas situaciones?
- Lo aliento a enfrentar sus miedos sin mucha intervención, para que aprenda por sí mismo.
- Ofrezco apoyo y estrategias para manejar sus miedos, fomentando la comunicación.
- Minimizo sus miedos, instándolo a ser más fuerte y a no preocuparse.
- Puedo ser crítico si considero que su miedo es infundado, presionándolo a superarlo rápidamente.
- ¿Cuál es tu postura sobre la independencia de tus hijos?
- Fomento su independencia desde muy temprano, permitiéndoles explorar libremente.
- Guío su camino hacia la independencia, ofreciendo soporte y límites claros.
- Prefiero que dependan de mí hasta que estén completamente listos para ser independientes.
- La independencia es crucial, pero debe ganarse con responsabilidad y madurez.
- ¿Cómo manejas las disputas entre hermanos?
- Les dejo resolver sus conflictos sin intervenir.
- Actúo como mediador, ayudándolos a expresar sus sentimientos y a encontrar una solución juntos.
- Determino quién tiene la razón y aplico las consecuencias necesarias.
- Prefiero decirles que: dejen de pelear sin entrar en detalles sobre la causa del conflicto.
- ¿Cómo reaccionas ante las preguntas difíciles o incómodas de tus hijos?
- Brindo respuestas honestas y apropiadas para su edad, fomentando su curiosidad.
- A veces evado la pregunta si considero que no están listos para la respuesta.
- Ofrezco una versión simplificada, evitando entrar en detalles complejos.
- Puedo desalentar este tipo de preguntas si considero que no son adecuadas.
- ¿Cuál es tu actitud hacia el juego y el ocio de tus hijos?
- El juego es libre y sin estructura; confío en que elijan cómo entretenerse.
- Promuevo actividades que considero enriquecedoras y educativas, equilibrando juego con aprendizaje.
- El tiempo de juego está bien, pero dentro de un marco regulado y después de cumplir con responsabilidades.
- No me involucro mucho en sus actividades de ocio, siempre y cuando no interfieran con sus obligaciones.
- Ante un mal comportamiento en público, ¿cuál es tu reacción?
- Corrijo el comportamiento en el momento, explicando por qué no es aceptable.
- Puede que ignore el comportamiento para evitar una escena, tratando el tema más tarde en privado.
- Establezco consecuencias inmediatas para enseñarle una lección.
- Le permito expresarse, evitando reprenderlo públicamente para no avergonzarlo.
Ver tu resultado:
- ¿Qué aspectos explora este ejercicio?
- ¿Cuál o cuáles faltan? ¿Los podrías implementar? Ya viste el modelo.
- ¿Cómo te miras? ¿Así te lo esperabas? ¿Ya te conocías?
- ¿Qué vas a realizar para ser el papá que habías soñado ser?
Felicitaciones papá.


