Elevamos un profundo agradecimiento a Dios por permitirnos vivir una vez más la tradicional “Bajada” de nuestra amadísima Virgen de Ocotlán, un acontecimiento de fe que nos reúne como comunidad y renueva nuestra esperanza.
En esta ocasión, la Bajada tuvo un significado particularmente especial al estar enmarcada en la Jornada de Oración por la Paz. Bajo la mirada maternal de María, miles de fieles elevaron sus plegarias por una paz que tanto necesitamos en nuestra tierra, en nuestras familias y en nuestros corazones. En medio de las dificultades y la violencia que lastiman nuestra sociedad, la Virgen de Ocotlán nos recuerda que Dios nunca abandona a su pueblo y nos llama a construir caminos de reconciliación y fraternidad.
Ahora nos preparamos para vivir este mes de junio, en el que celebraremos las festividades del Sagrado Corazón de Jesús y del Sagrado Corazón de María, fuentes de amor y misericordia para el mundo. Estas celebraciones nos invitan a contemplar el corazón de Cristo, cercano a las alegrías y sufrimientos de la humanidad, y el corazón maternal de María, siempre dispuesto a acompañar a sus hijos.
Nuestra Diócesis vive además un motivo especial de alegría, pues en el marco de estas fiestas serán ordenados cuatro nuevos diáconos para el servicio de la Iglesia. Damos gracias a Dios por su vocación y oramos para que, configurados cada día más con Cristo servidor, anuncien con fidelidad la Buena Nueva y sean signo de esperanza y entrega para el Pueblo de Dios.
Que Nuestra Señora de Ocotlán siga cubriendo con su manto a nuestra tierra tlaxcalteca y que, por su intercesión, el Señor nos conceda el don precioso de la paz y abundantes vocaciones para su Iglesia.

