CORPUS CHRISTI (CICLO A) LA EUCARISTÍA LA CULMINACION DE TODA LA VIDA CRISTIANA. Y EN CUANTO ÉL VIVE, SE EDIFICA Y CRECE LA IGLESIA DE DIOS.

Pbro. Elpidio Pérez Portilla

La Eucaristía es algo sagrado, siempre se renueva, se crea de nuevo desde el compromiso de Jesús con su comunidad. Con la Iglesia entera. Acontece algo nuevo para nosotros, porque siempre tenemos necesidades nuevas a las que el Señor resucitado y presente en la eucaristía acude a cada una de ellas.

 (Dt 8,2-3.14-16): El maná para atravesar el desierto

El maná, es el símbolo de un “alimento divino en el desierto”. Los israelitas fabricaron el maná con plantas características de la región. Y, ellos veían en esto la mano de Dios y la fuerza divina para caminar hacia la tierra prometida. En ese tiempo fue el pan, es decir, la vida que va unida a la libertad, a la comunión. Era lo único y más básico para subsistir y no morir de hambre: era como el pan de todos.

Ellos salieron de Egipto haciael desierto, en la pobreza y la miseria en el desierto, sin agua y sin nada. Dios no solamente da la libertad primera, sino que constantemente mantiene su libertad. Así el maná es la prefiguración de los dones divinos. Era un alimento para ellos en el desierto, aunque la leyenda espiritual lo haya presentado como alimento venido del cielo.

El maná era solamente para el día, si se almacenaba se podría. Los israelitas no se preocupaban para comer al siguiente día porque Dios era providente, ellos tenían confianza en Él. El recordar la liberación de la esclavitud de Egipto por medio de la mano poderosa de Dios. El recuerdo de la experiencia humillante, pero necesaria del desierto. Este recuerdo (memorial) de la existencia de la presencia amorosa del Señor en la historia.

(1Cor 10,16-17): La koinonía de la Eucaristía

Trasmitir las palabras de Jesús sobre el pan y sobre la copa es hacer memoria (zikaron) de su entrega a los hombres como acción pascual para la Iglesia. El texto expresa uno de los aspectos inefables de la Eucaristía con el que Pablo quiere corregir divisiones en la comunidad de Corinto. La participación en la copa eucarística (el cáliz de bendición) es una participación en la vida que tiene el Señor; la participación en el pan que se bendice es una participación en el cuerpo, en la vida, en la historia de nuestro Señor.

Así Pablo desentraña su dimensión de koinonía, de comunión. Participar en la sangre y en el cuerpo de Cristo es entrar en comunión sacramental real con Cristo resucitado. ¿Cómo es posible, pues, que haya divisiones en la comunidad? Este atentado a la comunión de la comunidad, de la Iglesia, es un “contra-Dios”; ustedes son el cuerpo de Cristo” (1 Cor 12, 27) esto es una advertencia a los “fuertes” de la comunidad que rompen la comunión con los débiles.

¿Cómo es posible que la comunidad se divida? Esto es un atentado, a lo fundamental de la Eucaristía: que hace la Iglesia, que la configura como misterio de hermandad y fraternidad. Podemos adorar el sacramento y las divisiones quedarán ahí; no obstante, cuando se llega a la participación, entonces las divisiones de la comunidad entre ricos y pobres, entre sabios e ignorantes, entre hombres y mujeres, no pueden mantenerse de ninguna manera.

Juan 6,51-58: El pan de una vida nueva, resucitada

El texto de Juan es una elaboración teológica y catequética del simbolismo del maná, el alimento divino. Este discurso de la sinagoga de Cafarnaúm es muy fuerte, sobre Jesús como Logos, el Hijo, la luz, o el agua, o la resurrección. Son fórmulas de revelación que son muy acertadas de Jesús que tiene una vida nueva.

Juan, habla de la carne y de la sangre. Para hablar de vida y de resurrección. Y esto sucede en la Eucaristía, en la que se da la misma persona que se entregó por nosotros en la cruz. Su cuerpo y su sangre significan una realidad distinta, porque Él es ya, por la resurrección, una persona nueva, que no está determinada por el cuerpo y por la sangre que nosotros todavía tenemos. La eucaristía-resurrección es muy importante, para repensar lo que celebramos y lo que debemos vivir en este sacramento.

Juan entiende que comer la carne y beber la sangre lleva a la vida eterna. Es lo que los padres llaman “medicina de inmortalidad”, o santo Tomás nombra “prenda de la gloria futura”. La eucaristía debe ser para la comunidad un verdadero alimento de resurrección. Ahora se nos adelanta en el sacramento la vida del Señor resucitado, y se nos adentra a nosotros, peregrinos, en el misterio de nuestra vida después de la muerte.

Esta dimensión se realiza mediante el proceso espiritual de participar en el misterio del “verbo encarnado”. El sacramento de la eucaristía nos pone en relación vital y personal con el verbo encarnado, que nos lleva a la vida eterna.