DÉFICIT DE ESPERANZA

Pbro. Ranulfo Rojas Bretón

Estamos en plena cuaresma y siempre será un tiempo de reflexión y de invitación a la conversión. Obviamente, para iniciar un proceso de conversión lo primero que necesitamos es vislumbrar un futuro mejor, es decir, pensar que lo que viene después de la situación que vivo será mucho mejor porque de otra manera no hay atractivo para la conversión.

Sin embargo, el Papa Francisco en su mensaje de cuaresma 2024: “Queda en nosotros una inexplicable añoranza por la esclavitud. Es como una atracción hacia la seguridad de lo ya visto, en detrimento de la libertad”. Me pregunto: “¿De verdad uno se acostumbra a ciertas esclavitudes que aún y cuando intentan hacernos ver lo bueno o los errores, preferimos seguir como estamos?

En el Evangelio de san Juan dice que: “Los hombres prefirieron las tinieblas y dieron muerte al que es al que es la luz”. En el Éxodo hay continuos reclamos del pueblo: ¿Para qué nos sacaste de Egipto? El pueblo por situaciones que vive prefiere la condición de esclavo y parece que rechaza la libertad.

Me llamó la atención leer en el mensaje lo siguiente: “El testimonio de muchos hermanos obispos y de un gran número de aquellos que trabajan por la paz y la justicia me convence cada vez más de que lo que hay que denunciar es un déficit de esperanza”. Parece claro que si bien el hombre ansía libertad, cuando enfrenta retos, existe la tendencia de “añorar las cebollas de Egipto”, de preferir quedarse como está y no correr ningún riesgo.

No es sencillo reconocerlo, pero efectivamente, el hombre fácilmente se acomoda a un entorno en el que está sin exigencia, tiene limitaciones, no obstante, se ha acostumbrado a ellas y le resulta más cómodo que no siente el deseo de modificar la situación y generalmente, está convencido que no puede modificarlas.

La afirmación de “déficit de esperanza” me hizo recordar el libro llamado Juan Salvador Gaviota donde se trataba de inculcar por parte de la manada a Juan Salvador, que una gaviota no tiene que romper reglas, que su labor era volar alrededor de los barcos en la espera de desperdicios de comida que les arrojaban. Juan Salvador insistía que podían mejorar sus condiciones de vuelo y que eso les permitiría agenciarse su comida por ellos mismos, sin dependencia de lo que les arrojen otras gentes. Fue una lucha difícil, sin embargo, no quiso renunciar a sus pensamientos y rompió las reglas del conformismo.

Hoy lamentablemente vivimos una sociedad dependiente, esperando los llamados programas sociales y poner en ellos su esperanza. Evidentemente, eso ha hecho a la gente sin aspiraciones para trabajar y buscar su propio desarrollo con sus propias fuerzas. No se dan cuenta que están perdiendo tiempo valioso y que pueden desarrollar creatividad. Tampoco se dan cuenta de que pueden convertirse en mercancía electoral o que pueden ser presionados para obtener su voto, pues les hacen creer que los programas o apoyos son regalos del presidente en turno o del partido en el poder, sin que caigan en cuenta que son programas constitucionales y, por tanto, nadie se los puede arrebatar.

Dios quiere hijos, no súbditos afirma el Papa y dice que: “La forma sinodal de la Iglesia, que en estos últimos años estamos redescubriendo y cultivando, sugiere que la Cuaresma sea también un tiempo de decisiones comunitarias, de pequeñas y grandes decisiones a contracorriente, capaces de cambiar la cotidianeidad de las personas y la vida de un barrio: Los hábitos de compra, el cuidado de la creación, la inclusión de los invisibles o los despreciados”.

Sé que no es tarea fácil, pero nuestra evangelización debe crear conciencia social y política para responder al bien de nuestra patria. Estoy convencido de que todos deseamos un México nuevo en el que se frene la violencia, que haya medicamentos para todos, con más oportunidades, pues no se construye un país tratando de eliminar a los que tienen sino, logrando que los que no tienen tengan las mismas oportunidades de los que tienen. Recuerdo la película de Cantinflas donde afirmaba como “Padrecito”: “Es un error querer acabar con los ricos, hay que acabar primero con los pobres… porque acabando con la pobreza, habrá más equidad en el mundo”. Hay que leer el mensaje del Papa y prepararnos para votar con conciencia y responsabilidad.