3. CATEQUESIS EN CONTEXTOS SOCIOCULTURALES
CAPÍTULO X DEL DIRECTORIO PARA LA CATEQUESIS
Catequesis y cultura digital
Características generales
La introducción y utilización en forma masiva de los instrumentos digitales ha causado cambios profundos y complejos en muchos niveles con consecuencias culturales, sociales y psicológicas todavía no muy evidentes. Lo digital, que no corresponde a la sola presencia de medios tecnológicos, caracteriza de hecho el mundo contemporáneo, y su influjo se ha vuelto, en poco tiempo, cotidiano y permanente, hasta el punto de que es visto como natural.
Se vive «en una cultura ampliamente digitalizada, que afecta de modo muy profundo la noción de tiempo y de espacio, la percepción de uno mismo, de los demás y del mundo, el modo de comunicar, de aprender, de informarse, de entrar en relación con los demás» (Ch V 86).
Lo digital, por tanto, no sólo hace parte de la cultura existente, sino que se está imponiendo como una nueva cultura, modificando ante todo el lenguaje, plasmando la mentalidad y reelaborando la jerarquía de valores. Y todo esto a escala global, porque al anular las distancias geográficas con la presencia invasiva de los dispositivos conectados en red, se comprometen las personas de todo el planeta.
Internet y las redes sociales constituyen «una extraordinaria oportunidad de diálogo, encuentro e intercambio entre personas, así como de acceso a la información y al conocimiento. Por otro lado, el entorno digital es un contexto de participación sociopolítica y de ciudadanía activa, y puede facilitar la circulación de información independiente capaz de tutelar eficazmente a las personas más vulnerables poniendo de manifiesto las violaciones de sus derechos. En numerosos países, web y redes sociales representan un lugar irrenunciable para llegar a los jóvenes e implicarlos, incluso en iniciativas y actividades pastorales» (ChV 87).
Entre los elementos positivos de lo digital está la extensión y el enriquecimiento de la capacidad cognitiva de la persona. La tecnología digital puede ayudar a la memoria, por ejemplo, a través de los instrumentos de adquisición, archivo y restitución de datos. Obtener datos digitalmente y tener herramientas de soporte para las decisiones mejoran la capacidad de elección y permiten recoger más datos para verificar las implicaciones sobre diversas problemáticas. Se puede hablar entonces positivamente en diferentes sentidos de un potenciamiento digital.
Es necesario reconocer todavía que «el ambiente digital también es un territorio de soledad, manipulación, explotación y violencia, hasta llegar al caso extremo del dark web.
Los medios de comunicación digitales pueden exponer al riesgo de dependencia, de aislamiento y de progresiva pérdida de contacto con la realidad concreta, obstaculizando el desarrollo de relaciones interpersonales auténticas.
Nuevas formas de violencia se difunden mediante los social media, por ejemplo, el ciberacoso; la web también es un canal de difusión de la pornografía y de explotación de las personas para fines sexuales o mediante el juego de azar» (ChV 88).
Por otra parte, los intereses económicos operantes en el mundo digital son «capaces de realizar formas de control tan sutiles como invasivas, creando mecanismos de manipulación de las conciencias y del proceso democrático» (ChV 89).
Hay que recordar que muchas plataformas favorecen expresamente «el encuentro entre personas que piensan del mismo modo, obstaculizando la confrontación entre las diferencias. Estos circuitos cerrados facilitan la difusión de informaciones y noticias falsas, fomentando prejuicios y odios» (ChV 89).
Los espacios digitales pueden crear una visión distorsionada de la realidad, hasta generar falta de cuidado por la vida interior, visible en la pérdida de la identidad y de las raíces, del cinismo como respuesta al vacío, en la progresiva deshumanización y cada vez mayor reclusión en sí mismos.
Transformación antropológica
El efecto de la digitalización exponencial en la comunicación de la sociedad conlleva una verdadera transformación antropológica. Los llamados nativos digitales, es decir, las personas nacidas y crecidas en la tecnología digital en una sociedad multipantalla, que considera la tecnología como un elemento natural, no experimentan ningún problema al interactuar con dicha tecnología.
Al contrario, la situación actual ve coexistir como si fuesen educadores, maestros y catequistas a los no nativos digitales, a los llamados inmigrantes digitales, no nacidos en un mundo digital en el que van entrando sucesivamente.
Las diferencias fundamentales entre estos sujetos es el acercamiento mental diferente que tienen hacia las nuevas tecnologías y su uso. Hay una diferencia notable en su estilo de hablar, que en los primeros es más espontáneo, interactivo y participativo. Un nativo digital muestra más aprecio por la imagen que por la escucha.
Desde el punto de vista cognitivo y conductual, está marcado en cierto modo por el consumo de los medios, reduciendo así, infortunadamente, su desarrollo crítico. Este consumo de contenidos digitales no es sólo un proceso cuantitativo, sino también cualitativo, que produce otro lenguaje y un nuevo modo de organizar el pensamiento. Multitasking, hipertextualidad e interactividad son sólo algunas de las características de eso que aparece como un nuevo e inédito modo de comprender y comunicarse, que caracterizan a la generación digital.
Emerge una capacidad más intuitiva y emotiva que analítica. El arte de contar historias (storytelling), que utiliza los principios de la retórica y un lenguaje propio, tomado del marketing, es considerado por los jóvenes más convincente e incluyente, respecto a las formas de discurso tradicionales. El lenguaje que capta mayor atención de la generación digital es aquel de la narración, más bien que el de la argumentación.
Sin embargo, esta novedad de lenguaje produce sólo usuarios y no analistas de mensajes: la narración de historias límite y problemáticas corre el riesgo de polarizar la confrontación sobre temas complejos, sin el deber de argumentar o incluir soluciones de intercambio.
Si la narración se convierte en el único instrumento de comunicación, se corre el riesgo de que aparezcan sólo opiniones subjetivas sobre la realidad. Este subjetivismo tiene también el peligro de relegar las cuestiones políticas y éticas a la esfera personal y privada. Las normas morales pueden ser percibidas como autoritarias, mientras que la narración se convierte en verdades que impiden buscar el bien y lo verdadero.

