La Virgen de Ocotlán en el proceso de Evangelización en Tlaxcala

Emmanuel Rodríguez López

Pipiltin evangelizadores de su gente y su territorio

Después de la conquista, los pipiltin (indígenas  principales) no solo se limitaron en apoyar la colonización y defensa de extensos territorios en calidad de “aliados”, sino que fueron auténticos partícipes en el proceso de conversión, incluso como participes de las hierofanías locales. Así, se podría recapitular las biografías de los proto-mártires tlaxcaltecas Cristóbal Axotecatl Cocomitzin, Antonio Xicohtencatl y Juan (1527-1529), primicias de la evangelización en tierras americanas; a los zapotecas Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles (Mártires de Cajum); a Juan Diego Cuautlatoazin (el visionario de las apariciones del Tepeyac de 1531); a don Antonio Valeriano, (autor del Nican Mopohua); al catequista oriundo de santa Isabel Xiloxoxtla, Juan Diego Bernardino (visionario de la Virgen de Ocotlán en 1541); o al campesino de Capulac, Diego Lázaro (visionario del arcángel san Miguel en 1631).

Surgimiento de la veneración mariana en tierras tlaxcaltecas

La evangelización en Tlaxcala fue posible gracias al impulso y buena aceptación de las devociones marianas. Diversos materiales pictográficos que contienen representaciones de la virgen María dan cuenta de ello. Por ejemplo, el Lienzo de Santa María Tocatlán. La pintura se encuentra en el presbiterio de la parroquia de Santa María Tocatlán, en la región centro-oriente de la entonces provincia de Tlaxcala. Por su ubicación e información contenida, se le puede considerar como un instrumento de legitimación político-religiosa. Como ocurrió con otras pinturas, ésta fue creada para ser “expuesta” y “leída” por los asistentes. La fundación del pueblo y la advocación mariana se ligan directamente al hito de la conquista de Cortés. En el cuadro hay una glosa que reza: “[…] dos ocasiones vino el señor don Fernando Cortés y la señora conquistadora María Santísima, en la que creímos.”[1]

[1] Avendaño Pérez, Abel. Monografía de Santa María Tocatlán, p.188.

Ilustración 1  Lienzo de Santa María en la Iglesia Parroquial de Santa María Tocatlán, Tlaxcala.

Es evidente que el relato de la conquista estaba presente en el imaginario de los indígenas y fue aprovechado para reforzar su papel como aliados. En este caso, la virgen señalada como la “conquistadora” ya no aparece bajo la advocación de la “Concepción” sino de la “Asunción”. Ésta ya había sido declarada como patrona de la provincia de Tlaxcala en el año de 1550, en cuya fiesta el cabildo acordó organizar todo lo necesario, así se “necesitaran guajolotes, maíz, codornices, conejos, frutas y comida”.[2] Por su parte, el documento señala la participación de los principales, quienes después de ser bautizados: “[…] se fueron a encontrar cuatro gentes, salieron con mucho cuidado cuando salieron que se animaron, y don Baltazar Xayacamahatzin, don Santiago Huacactlamas Monencalucanintzin, don Ventura Tzontliyayatzin y don Santiago Hernandez Tzonnenemitzin”.[3]

En las primeras imágenes de la virgen en Tlaxcala, tanto en bulto como en cuadro, se enfatiza la coparticipación de los indígenas en las manifestaciones sagradas. Un discurso visual que reforzaría su papel como “aliados” y testigos predilectos de Dios y la virgen. Con ello, se hacía una sacralización simbólica del suelo tlaxcalteca, del mismo modo que se diferenciaban del resto de los pueblos indígenas de la Nueva España.

Aparición de la virgen de Ocotlán

El trabajo misionero de los frailes franciscanos en Tlaxcala hicieron de la evangelización, un proceso de inculturación basado en el respeto de los individuos. Ello hizo posible la conservación de muchos rasgos simbólicos propios de la religiosidad de los pueblos nahua y otomí de la región. Además, tales decisiones tuvieron que haber sido consensuadas por los indios principales, conocedores del sentir de los suyos y de ellos mismos. Aquí fue decisivo la agencia desempeñada por los indios en conjunto.

[1] Actas del cabildo de Tlaxcala, 1547- 1567, p. 308. [1] Avendaño Pérez, Abel. Monografía de Santa María Tocatlán, p.187-188.

Así, la aparición de la Virgen de Ocotlán, reafirmaría la identidad local frente a la virgen de Guadalupe en la Ciudad de México, aparecida diez años antes. El relato guarda paralelismos con los episodios donde los indios tenían un papel protagónico: se les aparece a nuevos cristianos muy piadosos; se encuentran en necesidad de auxilio; estaban en un proceso de formación catequética; les habla en su propio idioma; les ofrece sanidad espiritual y corporal; hace brotar agua milagrosa; instruye la construcción de algún templo exprofeso y pide se notifique a las autoridades eclesiásticas de la región.

Ilustración 32 Aparición de la Virgen de Ocotlán. Óleo sobre tela. Colección de Andrés Blastein. 48.5 x 38 cms. Autor anónimo. En http://museoblaisten.com/Obra/2257/Virgen-de-Ocotlan.

La virgen de Ocotlán resplandece sobre la antigua Xochiquetzalli

Desde 1524, los franciscanos tomaban en cuenta la predilección de los habitantes por ciertos cultos desde tiempos prehispánicos y poder erradicar las prácticas que contravinieran la fe cristiana. Tales conocimientos los obtuvieron, en buena medida, por la observación de sus feligreses, quienes mantenían rituales arraigados, y otros quizás por la tradición oral. Historiadores como Rodrigo Martínez, refiere en su obra Secuencia tlaxcalteca, un posible culto a la diosa Xochiquetzalli, en el lugar donde después se apareció la taumaturga imagen de Ocotlán.[1] La deidad prehispánica era patrona de las flores, la fertilidad, el canto, el amor y la felicidad.

Por lo concerniente a la conexión de Xochiquetzalli-Virgen de Ocotlán, se cuenta con indicios en los elementos escultóricos de su Santuario. En su camerino, donde se le viste, existe una mesa redonda de una sola pieza cuyas patas son sostenidas por ozomatlis (monos) y tlacuaches (zarihueyas). Basta con dar un vistazo a la recopilación de literatura nahua que hizo el padre Ángel María Garibay para descubrir los vínculos expuestos. Garibay señala que en la fiesta de Xochiquetzalli, “se hacía una casa de rosas en el momoxtli del templo principal”[1], y agrega que “hacían arboladas a mano llenas de flores olorosas donde se iba a asentar a la diosa”.

Ilustración 2Detallle de ozomatlis (monos) y tlacuaches en las patas de la mesa del camarín de Ocotlán.

Debe resaltarse que los monos en la cosmogonía indígena representan la diversión, la improvisación, las bromas y la danza.[1] Aparecen también con su par, el dios Xochipilli,

[1] Martínez Baracs, Rodrigo. Secuencia tlaxcalteca, pp.201-206.

[1] Los momoztli eran estructuras que se colocaban frente a templos para las ofrendas como contenedores donde comúnmente se colocaban cañas de maíz con sus mazorcas, el cual día los oradores de los barrios, a honra del agua y del bien que les hacía, iban a las cementeras y quebraban las cañas de maíz por junto a la mazorca, tras ello, la gente salía de sus calpulli o casas a ofrecer a aquel ‘lugar ordinario’ (tortillas hechas de jilotes), de aquello hacían pan con agua y lo ofrecían a la diosa Chalchitlicue, La Señora de las Aguas, ahí se ofrecía pan, semillas, chile y calabazas. En el momoztli del tianguis se ofrecían mazorcas de maíz, chile, tomates, frutas y otras legumbres y semillas y pan que eran recogidos por los sacerdotes de Tlaloc del Huey Teocalli durante la veintena o ‘sexto mes’ etzalcualiztli, dedicado a Tlaloc y a su cónyuge Chalchiuhtlicue del 5 al 24 junio.

[1] Duran, D. Historia de las indias…, p.152.

dios masculino de mismos atributos. Ya fray Diego Durán había sido informado de que la danza a Xochiquetzalli era de carácter ritual, pues también existían otras catalogadas como graves, de placer, deshonestas, burlescas, viabilizadas y alegres.

Devoción arraigada para la posteridad

De manera gradual, las fiestas que rindieron en honor a la virgen de Ocotlán fueron igual de fastuosas como las que realizaba el cabildo para la fiesta del altepetl (en alusión a la virgen de la Asunción, otrora patrona de la provincia). El pilli Buenaventura Zapata y Mendoza registró en su Historia Cronológica, que el 29 de octubre de 1662, se hizo una gran procesión con la virgen en la ciudad. Refiere que para la celebración se colocaron casas floridas (altares) donde iba descansando la imagen en su advocación de la Concepción (no hay que olvidar que la virgen de Ocotlán es una mujer embarazada). Hoy por hoy, las celebraciones a la virgen del ocote ardiendo mantienen a los tlaxcaltecas unidos en la fe y son testimonio de una religiosidad bien cimentada en la que hay un derroche de elementos de fiesta y fervor.

Bibliografía

AVENDAÑO Pérez, Abel. Monografía de Santa María Tocatlán, Fideicomiso Colegio de Historia de Tlaxcala, 2013.

DURÁN Diego. Historia de las Indias de Nueva España e islas de la Tierra Firme, Editorial Porrúa, 1984.

LOAYZAGA Mazihcatzin, Manuel. Historia de la milagrosísima imagen de Nuestra Señora de Ocotlán, Puebla, Imprenta de la Viuda de Miguel de Ortega, 1745.

MARTINEZ Baracs, Rodrigo. La secuencia tlaxcalteca, orígenes del culto a nuestra señora de Ocotlán, INAH, 2000.

MUÑOZ Camargo, Diego. Descripción de ciudad y provincia de Tlaxcala…, México, El Colegio de San Luis Potosí-Gobierno del Estado de Tlaxcala, colección de la biblioteca tlaxcalteca, (estudio preliminar de René Acuña), 2000 [facsímil 1981].

RODRÍGUEZ López, Emmanuel. “Emular fe y ostentar jerarquía. Los pipiltin en las cofradías de naturales en la provincia de Tlaxcala frente a las reformas episcopales, 1640-1810”, tesis de Doctorado en Historia, CIESAS, Mención Honorífica, 2018.

ZAPATA y Mendoza, Juan Buenaventura. Historia Cronológica de la noble Ciudad de Tlaxcala, transcripción, paleografía, traducción, presentación y notas de Luis Reyes García y Andrea Martínez Baracs, México, UAT, CIESAS, 1995.