Tlaxcala peregrina y ora por la paz

La Iglesia Diocesana de Tlaxcala vivió, como cada tercer lunes de mayo, la tradicional “Bajada” de Nuestra Señora de Ocotlán, una de las expresiones de fe más significativas para nuestro pueblo. Durante más de doce horas, la Santísima Virgen recorrió las principales calles y lugares de la capital tlaxcalteca para acercarse a sus hijos, llevando consuelo a quienes lo necesitan. A lo largo del camino, cientos de fieles caminaron junto a ella como un acto de amor y gratitud por todos los bienes recibidos a través de su intercesión.
Este año, la “Bajada” tuvo un tinte especial, pues unidos al llamado del Papa León XIV, nuestra diócesis elevó una oración por la paz del mundo, de nuestro país y de nuestro estado. Como preparación a esta Jornada de Oración por la Paz, se invitó a los fieles a encender un cirio mariano y rezar el Santo Rosario pidiendo este don tan necesario. Asimismo, todos los templos de la diócesis repicaron sus campanas a las 12 del día del 18 de mayo, como un gesto de unidad y súplica confiada.
La jornada inició la tarde-noche del domingo 17 de mayo con una velada juvenil en la Basílica de Ocotlán. Los jóvenes participaron en diversas actividades de animación, el rezo del Santo Rosario y una Hora Santa como preparación espiritual para acompañar a la Virgen. Fue precisamente la juventud quien realizó vallas durante el recorrido, elevando porras y cantos a Nuestra Madre Santísima con entusiasmo y alegría.

Siguiendo con el programa, a las 11 de la noche, nuestro obispo, Mons. Julio C. Salcedo Aquino, MJ, presidió el rito de inicio de la peregrinación. En este momento destacó que, como Iglesia Diocesana, hemos sido convocados a suplicar el don de la paz para nuestras familias, México y el mundo entero, pidiendo a Nuestra Señora de Ocotlán que triunfe el amor y no la guerra. Esta fue la intención que acompañó toda la “Bajada” de la Virgen.
Estuvieron presentes también las palabras del Papa León XIV, quien recordó que Nuestra Señora “nos pide que nos dejemos transformar por los sentimientos de su corazón, para ser como Ella constructores de justicia y portadores de paz”.
Durante el rito de inicio se realizó una liturgia de la Palabra y se suplicó a Dios mirar con bondad la devoción de su pueblo para que, por intercesión de la Virgen María, alcancemos, como dones de su gracia, la paz en la vida presente y la compañía eterna de los cielos. Al finalizar este momento, Mons. Julio invitó a los fieles “a acompañar con alegría la sagrada imagen de Nuestra Señora de Ocotlán, quien visita a nuestro pueblo”, pronunciando con fe: “Nuestra Señora de Ocotlán, Salud de los enfermos y Reina de la paz. Ruega por nosotros”.
De esta manera inició formalmente la “Bajada” de la Virgen de Ocotlán, quien, al paso de los fieles, llegaba a cada lugar de la ciudad. Durante el recorrido, numerosas familias realizaron altares en honor de la Santísima Virgen y, en cada uno de ellos, se hacía una pausa para pedir por las intenciones de las familias y encomendar sus necesidades. Participaron también peregrinos de otras diócesis, religiosas, seminaristas, sacerdotes y cientos de fieles provenientes de distintas parroquias de Tlaxcala.

Entre los lugares significativos que visitó Nuestra Madre Santísima estuvieron la Capilla de la Cruz, la Capilla de la Santísima Trinidad, la Ex Fábrica Zahuapan, el Mercado Municipal, el Monumento de los Santos Niños Mártires, el Santuario de San José, la Capilla de Jesús del Río, San Hipólito, la central de autobúses, la Santa Iglesia Catedral, el Palacio Municipal, el convento de las Madres Agustinas, la Capilla de San Nicolás y el Pocito, retornando finalmente a su Basílica.
Cabe señalar que sacerdotes de los siete decanatos participaron en distintas estaciones realizando liturgias de la Palabra y elevando súplicas por la paz. En el caso del Seminario Diocesano, su encuentro con la Virgen se realizó en la Catedral, donde se celebró la Santa Misa pidiendo especialmente por las vocaciones actuales y futuras.
Frente a la Presidencia Municipal, Mons. Julio dirigió un mensaje al pueblo y particularmente a las autoridades, recordando que: “La tarea de todos los que tenemos responsabilidades con las comunidades, tanto a nivel civil como religioso, es la de ser instrumentos de paz y ‘bajar’, como Nuestra Señora, a la realidad de nuestro pueblo, pues éste debe estar en el corazón de pastores y funcionarios públicos” (ver el mensaje completo en la pág. ).

Al llegar a la Basílica, la imagen de Nuestra Señora fue colocada en el altar para dar inicio a la Santa Misa. Al comenzar la celebración se presentaron tres signos especiales que manifestaron los dones que el Señor, por intercesión de su Santísima Madre, ha regalado a nuestro pueblo: el cirio mariano, pues Nuestra Señora nos ofrece a su Hijo, Luz del mundo; el agua del Pocito, signo del “agua viva” que es Jesús; y las flores, expresión de la alegría por la presencia de María en medio de nuestro pueblo.

Después de la homilía de nuestro obispo, renovamos el Patronato de Nuestra Señora de Ocotlán sobre la diócesis de Tlaxcala, como lo hicieron nuestros antepasados. Posteriormente, la celebración continuó con la liturgia eucarística y, antes de concluir la Santa Misa, la diócesis se consagró nuevamente a Nuestra Señora de Ocotlán, uniéndose así al constante llamado del Papa León XIV para elevar súplicas por la paz del mundo entero.

Finalmente, como signo que acompañó esta Jornada de Oración por la Paz, fueron soltadas palomas blancas, invitando a todos los fieles a construir y buscar el don de la paz en nuestras familias y comunidades.
La Diócesis de Tlaxcala agradece a todas las personas que hicieron posible esta tradicional “Bajada”, especialmente a Tlaxcala Televisión, por la transmisión especial realizada la noche del domingo 17 de mayo y de la Santa Misa celebrada el día 18 de mayo.

