CAPITULO XI DIRECTORIO DE CATEQUESIS, LA CATEQUESIS AL SERVICIO DE LA INCULTURACION DE LA FE

Pbro. Arturo Gutiérrez Hernández

«Las Iglesias particulares profundamente amalgamadas, no sólo con las personas, sino también con las aspiraciones, las riquezas y límites, las maneras de orar, de amar, de considerar la vida y el mundo que distinguen a tal o cual conjunto humano, tienen la función de asimilar lo esencial del mensaje evangélico, de trasvasarlo, sin la menor traición a su verdad esencial, al lenguaje que esos hombres comprenden, y, después de anunciarlo en ese mismo lenguaje» (EN 63).

El servicio de inculturación de la fe, al que toda Iglesia particular está llamada, es signo de la perenne fecundidad del Espíritu Santo que embellece la Iglesia universal. «Cada porción del Pueblo de Dios, al traducir en su vida el don de Dios según su genio propio, da testimonio de la fe recibida y la enriquece con nuevas expresiones que son elocuentes» (EG 122). Los itinerarios de catequesis, y los mismos catecismos locales, representan un signo de este fructuoso proceso de inculturación.

1. NATURALEZA Y FINALIDAD DE LA INCULTURACIÓN DE LA FE

En la obra de la evangelización la Iglesia está llamada a tener «el mismo afecto con que Cristo se unió por su encarnación a ciertas condiciones sociales y culturales de los hombres con quienes convivió» (AG 10).

Esta primera forma de inculturación de la Palabra de Dios persiste como arquetipo de toda la evangelización de la Iglesia. La inculturación no puede ser pensada como una mera adaptación a una cultura. Es más bien un camino profundo, global y progresivo.

Se trata de una lenta penetración del Evangelio en lo íntimo de la persona y de los pueblos. «Lo que debe procurarse, en definitiva, es que la predicación del Evangelio, expresada con categorías propias de la cultura donde es anunciado, provoque una nueva síntesis con esa cultura» (EG 129).

La catequesis «está llamada a llevar la fuerza del Evangelio al corazón de la cultura y de las culturas» (CT 53. Sobre el tema de la inculturación de la fe en las diversas áreas geográficas, son importantes las exhortaciones apostólicas siguientes a los Sínodos continentales: JUAN PABLO II, Ecclesia in Africa (septiembre 14 de 1995); Ecclesia in America (enero 22 de 1999); Ecclesia in Asia (noviembre 6 de 1999); Ecclesia in Oceania (noviembre 22 de 2001); Ecclesia in Europa (junio 28 de 2003); BENEDICTO XVI; Africae munus (noviembre 19 de 2011); Ecclesia in medio Oriente (septiembre 14 de 2012); FRANCISCO, Querida Amazonía (febrero 2 de 2020), y tiene una gran responsabilidad en el proceso de inculturación de la fe.

Entender la cultura como lugar hermenéutico de la fe ofrece a la catequesis mayores posibilidades de alcanzar significativamente su finalidad de ser educación para la fe y en la fe.

La contribución específica de la catequesis a la evangelización es el intento de entrar en relación con lo vivido por las personas, con sus modos de existir y los procesos de su crecimiento personal y comunitario.

La inculturación, en el fondo, está encaminada al proceso de interiorización de la experiencia de la fe. Esto es aún más urgente en el contexto actual, en el que han venido a menos los presupuestos culturales para la transmisión del Evangelio, garantizados en el pasado por la familia y la sociedad; el debilitamiento de tales procesos ha puesto en crisis la apropiación subjetiva de la fe.

Es importante, por tanto, que “la catequesis no se concentre sólo en la transmisión de los contenidos de la fe, sino también en el proceso de recepción personal de la fe, porque el acto con el que se cree expresa mejor las razones de libertad y responsabilidad que la fe comporta”.

Respecto a la inculturación de la fe, la catequesis tendrá presentes las siguientes indicaciones metodológicas (DGC 203; Cf., también CT 53):

  1. Conocer en profundidad la cultura de las personas, activando dinámicas relacionales marcadas por la reciprocidad, que favorezcan una nueva comprensión del Evangelio;
  2. reconocer que el Evangelio posee una propia dimensión cultural, mediante la cual se ha insertado, en el curso de los siglos, en las diversas culturas;
  3. comunicar la verdadera conversión que el Evangelio, en cuanto fuerza transformadora y regeneradora, actúa en las culturas;
  4. hacer comprender que el Evangelio está ya presente en germen en las culturas y, no obstante, las trasciende y no se agota en ellas;
  5. poner atención para que la nueva expresión del Evangelio según la cultura evangelizada no disminuya la integridad de los contenidos de la fe, factor de comunión eclesial.

«La catequesis, a la vez que debe evitar todo tipo de manipulación de una cultura, no puede limitarse a la simple yuxtaposición del Evangelio a ésta, “como un barniz superficial”, sino que debe proponer el Evangelio “de manera vital, en profundidad” y hasta las mismas raíces de la cultura y de las culturas del hombre.

Esto determina un proceso dinámico integrado por diversos momentos, relacionados entre sí: esforzarse por escuchar, en la cultura de la gente, el eco (presagio, invocación, señal…) de la Palabra de Dios; discernir lo que hay de auténtico valor evangélico o al menos abierto a él; purificar lo que está bajo el signo del pecado (pasiones, estructuras del mal…) o de la fragilidad humana; suscitar en los que reciben catequesis actitudes de conversión radical a Dios, de diálogo con los demás y de paciente maduración interior» (6DGC 204; Cf., también EN 20).

La inculturación de la fe, que es connatural a las Iglesias particulares, «Debe implicar a todo el Pueblo de Dios, no sólo a algunos expertos, ya que es sabido que el pueblo reflexiona sobre el genuino sentido de la fe, que nunca hay que perder de vista.

Esa debe ser la expresión de la vida comunitaria, es decir, madurar en el seno de la comunidad, y no ser fruto exclusivo de investigaciones eruditas» (JUAN PABLO II, Carta encíclica Redemptoris missio [diciembre 7 de 1990], 54).

Si el Evangelio se incultura en un pueblo, éste, a través de la propia cultura, transmitirá la fe de una manera tan viva como para hacerla siempre nueva y atractiva.

La catequesis que trabaja al servicio de la inculturación de la fe y se esfuerza por valorar todas las tendencias y las modalidades culturales con las que se expresa la persona, ya sean las más tradicionales y locales, o aquellas más recientes y de estilo global (Sobre los escenarios culturales de hoy, Cf. capítulo X del presente Directorio), toma contacto con la variedad de expresiones con la que cada pueblo manifiesta y vive su propia experiencia de fe.

Por eso, la catequesis sabrá valorar especialmente algunos ámbitos de la pastoral eclesial en los que está explícitamente llamada a encontrar lenguajes y modalidades de expresión nuevas, en las que aparezca un estilo misionero sereno y alegre: por ejemplo,

  • el catecumenado,
  • la iniciación cristiana,
  • la pastoral bíblica,
  • la catequesis litúrgica.
  •  El Evangelio «se transmite de formas tan diversas que sería imposible describirlas o catalogarlas, donde el Pueblo de Dios, con sus innumerables gestos y signos, es sujeto colectivo.

Por consiguiente, si el Evangelio se ha encarnado en una cultura, ya no se comunica sólo a través del anuncio persona a persona. Esto debe hacernos pensar que, en aquellos países donde el cristianismo es minoría, además de alentar a cada bautizado a anunciar el Evangelio, las Iglesias particulares deben fomentar activamente formas, al menos incipientes, de inculturación» (EG 129).